sábado, 8 de junio de 2013

Vivir en un desierto



En la actualidad más de 900 millones de personas habitan en climas desérticos o semidesérticos, con el inconveniente añadido de que los terrenos áridos de ese estilo se van incrementando en todo el mundo, especialmente en las regiones cálidas, apoyados por la degradación del planeta y el deterioro del medio ambiente.
Hay que tener en cuenta que el 40% de la superficie terrestre de nuestro planeta tiene esete tipo de ecosistemas faltos de agua, y de ellos, más de la mitad , casi podríamos decir dos tercios, se encuentran enclavados en el Norte y centro de Africa, y virtualmente todo el Medio Oriente. Esto hace que un 75 % de las personas que lo habitan son musulmanes, por lo que su cultura, su arquitectura y su historia estás fuertemente ligados al Islam. Se dice que unos 50 millones de estas personas habitan en oasis desperdigados en medio de regiones casi carentes de agua. No obstante, hay que tener en cuenta que algunos son extensos, como el oasis del Valle del Draa, que tiene unos 200 kms. de longitud.
Ello mediante, hay que tener asimismo en cuenta que un oasis se encuentra prácticamente rodeado de las tierras más desérticas, de períodos de sequía, de falta de estructuras, dependiendo de un agua que puede aflorar o cerrar su curso para siempre en cualquier momento, dependiendo casi únicamente para su subsistencia de agricultura y ganadería locales. Esto ha hecho que algunas personas y entidades  se movilicen intentando realizar sistemas estables de desarrollo sostenible, basado principalmente en la investigación, cooperación y puesta en marcha en diversas etapas. Chocan frontalmente con la naturaleza misma de los habitantes, en muchas regiones, que siguen viviendo de la misma manera que hace 500 años, no obstante comenzar a disfrutar de ciertos elementos que les trae el progreso que se va insertando muy sibilinamente en su entorno.
Uno de los proyectos  seguramente irrealizables en pleno desierto,
la implantación de un oasis artificial autosuficiente
En algunos de estos lugares diversos investigadores intentan instalar una red de captadores de niebla, que podrían permitir la captura de miles de litros de agua por día, destinados principalmente a riego, forestación, cultivos de tipo hidropónico, al par que llevan algunas ideas modernas como los melones y tomates que  se riegan directamente con agua salada, según aseguran en la Universidad israelí de Negev, que cultivan por otra parte en los numerosos kibuts que le rodean.
 Se habla asimismo de cultivos que permitirían estabilizar las dunas, como algunas plantas rastreras del desierto o la acacia azul. Podrían también  practicarse cultivos de azafrán para tierras áridas , plantación de árboles regeneradores del sistema, etc. Particularmente curioso
 es la posibilidad de utilizar una bacteria, la bacilus Pasteirii, para la obtención de arena pétrea, como piedra caliza, al ser mezclada con urea. Esta acción dura pocos minutos y la arena se vuelve piedra caliza, de mayor dureza y resistencia a los elementos, que podría servir para muros de contención, fachadas de vivienda, refugios soterrados, etc. También podría servir para hacer pequeños embalses, o para canalizar aguas de escorrentía hacia pequeñas represas o tanques enterrados, donde desagotaría toda el agua para su uso posterior.
En muchas ocasiones se enfrentan con mentalidades férreas , sumidas en creencias de siglos pasados, que no quieren oír hablar de inventos o cambios en sus  esquemas de vida, temerosos de perder o el poder local que ostentan, o el sistema precario pero continuo de vida que cotidianamente obtienen merced a grandes esfuerzos.
Sobre todo, en este tipo de intervenciones,  sería fundamental para quienes pretender realizar un nuevo diseño , experimento o modernización, empezar por iniciar algún tipo de contención del serio y continuado  avance de regiones desérticas, teniendo en cuenta que asimismo amplias regiones europeas (caso provincia de Almería en España, por ejemplo), están cediendo a pasos agigantados terrenos al desierto sin realizar planes de contención que puedan frenarlo . Entre el norte de Africa y el sur de Europa, se van perdiendo anualmente unas 100.000 hectáreas de suelo fértil.
"La pobreza, el uso insostenible de la tierra y el cambio climático están convirtiendo las tierras áridas en desiertos. La desertificación, a su vez, conduce a la pobreza o la exacerba", dijo hace unos años Koffi Annan, secretario general de la ONU, durante un mensaje en el año 2006. "La degradación de las tierras áridas y la competición por unos recursos cada vez más escasos puede llevar a comunidades al conflicto", agregó entonces.

Sin embargo, siete años después, los líderes mundiales siguen haciendo oídos sordos a la necesidad de realizar planes que permitan, al menos, frenar el avance del desierto o trazar barreras que permitan la reutilización de estas tierras, con regadíos alternativos y sistemáticos.

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